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Francisca Alegría y el éxito de “Y todo el cielo cupo en el ojo de la vaca muerta”

“Fotografía portada por: Pousta”

En los últimos años el cine chileno se ha ido posicionando en la industria y con sus obras ha ido ganando importantes premios y participando en reconocidos festivales . Ya es usual que festivales Clase A cuenten con la presencia de una cinta de nuestro país. En este sentido, uno de los más destacados certámenes internacionales es el Festival de Sundance, donde La Nana (Sebastián Silva), Violeta se fue a los cielos (Andrés Wood) y Matar a un Hombre (Alejandro Fernández Almendras) han sido galardonadas. El último orgullo chileno en sumarse a esta lista, es un cortometraje de la  cineasta emergente Francisca Alegría, quien ganó el Premio del Jurado en la Competencia Internacional de Cortometrajes.

El cortometraje se titula Y todo el cielo cupo en el ojo de la vaca muerta, un nombre que quizás no sea un título fácil ni sencillo, pero definitivamente es especial. De hecho Francisca nos cuenta que varias personas le aconsejaron cambiarlo: “Me decían que no era muy ‘catchy’ (pegajoso), pero yo soy repelente de títulos más comerciales. No por decisión, sino porque que simplemente no tengo ese radar”.

La protagonista de esta historia es Emeteria, interpretada por el tesoro nacional de la actuación, Shenda Román, una anciana cansada que ha vivido toda su vida en el mismo pueblo. Un día le ocurren dos hechos aparentemente inexplicables: un rayo mata a cincuenta vacas y un hombre que daban por muerto vuelve a aparecer en el pueblo después de veinte años. La trama se desarrolla desde este potente punto de partida.

Una de las imágenes inolvidables de la película es cuando el personaje de Catalina Saavedra se toma una selfie junto a las vacas muertas. “Juntamos a varias vaquitas, las pusimos en fila y les disparé una a una con el rifle de mi tío… Broma, soy vegetariana. Las vacas muertas son el resultado del magnífico trabajo de la empresa de efectos digitales con la que trabajamos: Jump Cats”, relata Francisca sobre el backstage de esta escena. Y es que, sin duda alguna, el espectacular trabajo de efectos especiales es una de las razones del por qué el corto ha tenido tanto éxito.

Todo director de cine debe definir quién es el narrador de su película y esto determina un sinfín de aspectos formales como dónde se posiciona y cómo se mueve la cámara. Existen diversos tipos de narradores. El omnisciente puede mostrarnos el futuro y el pasado, puede moverse por diferentes países o adentrarse en los pensamientos de los personajes. El narrador testigo, en cambio, ve los acontecimientos desde lejos, sin involucrarse. En el caso de Y todo el cielo cupo en el ojo de la vaca muerta el narrador parece ser un fantasma. Se mueve con libertad por todos los espacios con la fluidez de una presencia no humana y transita en lugares segregados de la acción principal, como si pudiera despegarse por unos segundos y simplemente flotar por donde se le plazca. Es tremendamente interesante y original.

Francisca Alegría señala que el mayor fantasma –  influencia en su vida es Luis Buñuel y los sueños de sus personajes: “Él fue un maestro del cine, cuyo espíritu está liberado de la lógica y la forma. Además de ser subversivo, Buñuel llega al rincón oscuro de la psique humana con mucha sensualidad. Los sueños, anhelos o deseos de sus personajes son ideas que resuenan conmigo desde la primera vez que vi una de sus películas. Llegará el día en que crezca y me lo saque a él, sus personajes y sus sueños de encima”. Por mientras, la joven directora ya prepara su primer largometraje, “The Willow”, junto a la productora nacional Jirafa.

 


Cineasta Viñamarino, egresado de la Universidad del Desarrollo. Amante del cine de animación, sobre todo de Studio Ghibli. Sus mayores referentes son Yasujiro Ozu y Wes Anderson.

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