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La percepción del espacio en el cine: El Tokio en cuarta dimensión de Gaspar Noé

Hemos sabido de Gaspar Noé (Irreversible, I stand alone) y de su particular visión, que ha sido capaz de llevarnos a diversas dimensiones y espacios bajo un fuerte enfoque sensorial, siendo su tercer largometraje el más beneficiado. Enter the void (2009) es uno de los filmes más interesantes en términos perceptivos, siendo uno de sus mayores logros, la capacidad de generarnos una visión omnipresente de un Tokio en decadencia.

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La trama en general es bastante básica, Oscar (Nathaniel Brown) y Linda (Paz de la Huerta) viven juntos en Tokio, él es traficante de drogas, ella stripper, estilo de vida resultado de diversos y dramáticos sucesos. El punto de inflección, es en el momento en que Víctor (Olly Alexander), el mejor amigo de Oscar lo engaña para entregarlo a la policía, generando su abrupta muerte, momento en que el director se encarga de hacernos realizar un viaje que nos obliga a sentir las similitudes de los efectos del DMT y del desdoblamiento astral. El espíritu de Oscar se niega a abandonar a su hermana, quien juró nunca dejarla, y recorre Tokio tratando de encontrar alguna respuesta a la deambulación de su espíritu/alma.

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Enter the Void es un viaje astral por una ciudad mundial, global y genérica, capital de culturas, en donde, 37,6 millones de personas viven, en la cual el sistema ha generando una clara bipolaridad social y cultural, claro ejemplo de sus efectos, es la vida de sus protagonistas quienes viven en lo más profundo del b-side urbano. Noé mediante diversas maneras, logra salir del marco habitual de una película para llevarnos a un escenario tridimensional en donde la estimulación de los sentidos deja en segundo plano el relato de la historia. La vivencia, la situación y en general un contexto sucio, oculto y depresor,  llegan a ser los elementos más importantes que llevan a destruir el espacio euclidiano y llevarnos a una cuarta dimensión astral fuera de nuestras concepciones.

Una de las mejores formas de percibir la vivencia de la ciudad es recorrerla, el viaje en el sentido más común de la palabra es el medio por excelencia de aprendizaje del entorno, sin embargo, llevar un viaje complejo hacia los espectadores no es tarea simple. Existen elementos fundamentales en el cine que en este caso están muy bien utilizados como las imágenes, los encuadres y la luz, que en su brillante unidad, es lo que nos lleva a vivir esta experiencia. Sin embargo nuestra labor en esta oportunidad, es centrarnos en el enfoque espacial y cómo éste influye en la percepción del espectador. A continuación una leve descripción de los fenómenos que ocurren en el filme.

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Lo privado como núcleo de la acción

El espacio privado se da a entender no sólo como aquel sobre el cual ejercen dominio, como la sociedad de consumo lo ha impuesto, sino como una espacialidad que tiene características diferentes y que están consideradas en primer lugar como un espacio individual, que proporciona la intimidad y cuyo acceso es prohibido y limitado. En Enter the void podemos distinguir que la acciones más importantes del relato se realizan en departamentos, dormitorios, cocinas y baños, lugares considerados sagrados los cuales Gaspar Noé profana de la forma más cruda. La intención de lo profano, lo sucio y lo “under” se ve potenciado con luces y sombras, las cuales asociamos fácilmente a los estados anímicos y psicológicos del protagonista, un despliegue completo de animosidades y sensaciones psicodélicas que sin lo “íntimo” del encuadre no sería nada

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Una mirada distinta a la ciudad global

Existe la intención de extensión de éste enfoque anímico personal e íntimo a situaciones de aspecto público, en base al encuadre (selección de realidad) en donde son escogidas situaciones de carácter urbano pero que percibimos de una manera distinta basadas en la intención. Es así como vemos un Tokio personal, bajo éste concepto por el cual nos sentimos en una intimidad muy potente, sin embargo la selección de las tipologías espaciales también ayudan, escaleras de incendio, clubes nocturnos, moteles, tiendas, calles y pasajes son escenarios de preferencia en el filme, esa ciudad que no sale a la luz del día, pero que sin embargo existe. Lo noctámbulo adquiere importancia, aquella cicatriz de lo que fue la ciudad, como signo de plenitud es una mirada diferente y muy válida de la naturaleza humana, en el que nos cuestionamos el porqué vivimos en la ciudad si ya no nos da plenitud, y el por qué sigue siendo necesaria y vital la coexistencia mutua entre humano y ciudad si es que esta nos está destruyendo.

El quiebre del espacio

En el momento en que Oscar fuma DMT hasta su abrupta muerte, y luego su deambulación como espíritu/alma, existe espacialmente algo muy interesante, el no espacio, generalmente para que exista un espacio debe existir algo material que lo contenga, pero ¿Qué ocurre si no hay materia?, ocurre la destrucción de lo que conocemos, dimensión en que toda ley y comprobación es en base a elementos tangibles, es nula sin embargo, ¿Qué pasa si nos adentramos a esa dimensión inmaterial? ¿Somos energía? ¿Somos omnipresentes?, en realidad muy pocas personas lo saben, pero hay que reconocer que nos muestran una posibilidad, la cual se encuentra pragmada en base a la geometría fractálica que genera la energía al formar los átomos. Ésta es la base con la que Noé expresa lo etéreo y lo sin forma, en base a técnicas de iluminación y renderización computacional de un espacio ya conocido.

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El director nos desliza su mirada sobre la superficie de una metrópolis contemporánea, la cual en otro tiempo representó la cuota máxima de la evolución del hombre en sociedad y política, que a partir del último cuarto del siglo XX ha quedado reducida a la epidermis resquebrajada de los terrenos baldíos del subdesarrollo, capturando la más tristes de sus consecuencias. En definitiva, la visión sobre ésta ciudad de Gaspar Noé no es la típica ya que presenta una ciudad alpha poderosa, precaria, frágil, flexible, nueva y decadente.

Enter the void, nos hace imaginar cómo es el peor escenario del Tokyo globalizado, sin embargo de una manera seductora y cautivante, como la misma ciudad, en donde las imágenes, la geometría fractálica,  los signos, las luces, y el neón tienen el objetivo de entregarnos una abstracción de la  compleja cuarta dimensión.

 


Estudiante de arquitectura en la Universidad de Chile, residente en Santiago y proveniente de la localidad de San Carlos Bio- Bio. La ciudad como ente complejo, diverso y cambiante como síntesis de los procesos humano-sociales es su motivación de análisis. Considera el cine, la fotografía, el arte y la teoría como grandes medios de expresión necesarios para el conocimiento del espacio y el contexto. Actualmente se encuentra en cuarto año y considera ésta plataforma un modo de experimentación y aprendizaje.

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