GALAXIA UP | UNIVERSO POPULAR AUDIOVISUAL
READING

Nicolás Folch – El «menos malo» y una estudi...

Nicolás Folch – El «menos malo» y una estudiante francesa

Nicolás Folch, fotógrafo chileno radicado en Francia, comparte el reportaje fotográfico “El «menos malo» y una estudiante francesa”, sobre una estudiante universitaria en su país de residencia. Un diálogo que entabla para hablar desde lo cotidiano y lo comparativo entre la realidad europea y la chilena, su visión personal y la visión del fotógrafo inmerso en estos espacios.

© Nicolás Folch

“El lugar de Lou es pequeño. Es lo que se denomina un estudio de estudiante. Vive en una caja de fósforos de 15 m², o apenas un poco más. Al mes le cuesta 430 euros, de los cuales el Estado le financia 270 por su frágil situación económica. Su estatura mediana y cuerpo delgado se adapta sin problema al exiguo espacio. Lou cursa su primer año de Sociología en la Universidad de Caen, en Normandía, y ya tiene en su mochila dos años de formación técnica universitaria en Comunicación y Publicidad. Lou inició esos estudios con expectativas de un trabajo a corto plazo, pero finalmente siguió con Sociología. Su cocina también es a corto plazo, simple, rápida, enlatada o pre-congelada. No le toma mucho tiempo prepararse un plato con verduras y pescado apanado, mientras echa un vistazo rápido a su teléfono. Ordena un poco su cama y mientras tira algunos libros al lado, me habla de su primera experiencia universitaria, su visión critica sobre la publicidad actual, sobre sus compañeros de curso y los diversos caminos que siguen sus amigos. Muchos de ellos están como ella, aún buscan un diploma que les inspire un nuevo un sueño, nuevos proyectos, esta vez a largo plazo. Me habla de sus planes futuros con cierta inquietud. La situación política, tal como quedó después de la primera vuelta presidencial le preocupa, «votar por Macron me molesta, porque es un tipo que cree que un país es lo mismo que una empresa, pero tengo miedo que la extrema derecha llegue a la presidencia». En el plano personal lo tiene todo un poco más claro: terminar la licenciatura, buscar otra carrera en cultivos biosustentables, viajar con su novio y luego establecerse para montar un cuento que les ensucie las rodillas, las manos y les dé muchas verduras en algún terreno de Francia.

Su minúsculo estudio lo alquila al organismo de administración pública llamado Crous , una institución que otorga diversos tipos de becas a los estudiantes y regenta servicios como alojamiento, alimentación, formación, búsqueda de empleo, etc. Ese mismo organismo le asignó 555 euros de beca, para ayudarla a financiar sus gastos de comida, estudios y otros gastos cotidianos. Al final del mes le sobran más o menos 213 euros, que utiliza para darse pequeños gustos como ropa, cine, música, fiestas o preparar un plato con ingredientes más caros. Es decir, se puede permitir algunos gastos extras. Desde las dos ventanas que tiene su pieza se pueden ver otros edificios como el de ella. Estamos al medio de la «ciudad universitaria». «Vivíamos en el edificio de enfrente, que es más moderno, ¿lo ves?» Es verdad que el edificio donde estamos es algo vetusto en comparación al otro, parece un edificio de la época de Alemania del Este. «Pero este estudio es más práctico, en los otros el espacio está mal diseñado, era menos funcional». Lou tiene un pequeño planeta al alcance de la mano: africanos, asiáticos, latinos y europeos disfrutan del sistema de seguridad social universitaria. Es tan simple como mirar por la ventana o ir a golpear puertas y los rostros y acentos diversos derriban distancias. «Lástima que este clima social esté cambiando poco a poco, con pequeñas reformas y mensajes alarmistas», agrega cuando le pregunto por la seguridad social y los beneficios de los cuales disfrutan sin importar nacionalidades. Cuando le cuento que en Chile ni la mitad de estos beneficios existen, ella se queda en silencio, intentando imaginarse algo tan lejano a los principios de la sociedad en la que ella creció. «Sin un sistema como el nuestro ¿cómo hacen los jóvenes como yo en Chile?». Desde que comenzó su primer diploma, Lou no ha tenido apoyo familiar y completa su economía con trabajos pequeños, como mesera o lavando platos durante los veranos. Su interés por la política es reciente, lo que no me sorprende con el clima de desesperanza que las derechas y extremas derechas europeas han provocado. Muchos jóvenes terminan por adoptar la desilusión que transmite la extrema derecha con sus lamentaciones ante un sistema político tradicional. El discurso anti Unión Europea y de temor frente al extranjero ha sido muy bien capitalizado en periodo de crisis económica. Lou me muestra sus libros y me habla de su búsqueda de información por canales alternativos.

Frente a su computador y después de seleccionar una nueva playlist, me muestra los sitios que visita para mantenerse al tanto. A la mayoría no los conozco bien, son sitios alternativos con una diversidad de artículos que van desde la investigación política o medioambiental, hasta la reseña de los grupos que tocarán en el próximo «Hellfest». Sobre la posible elección de Marine Le Pen, quien ha logrado lavar su imagen de extrema derecha e imponer un vocabulario en torno a ideas como nación versus mundialización o patriotismo versus invasión de refugiados («inmigrantes», dice ella), Lou teme lo peor y dice estar dispuesta a irse al extranjero si la situación política empeora. Su desilusión, sin embargo, es momentánea y gana la esperanza «quizás los que no quieren votar van a impedir legitimar un gobierno de extrema derecha… yo no sé si votaría por Macron. Sería más que nada un voto contra Le Pen. Entre él y la extrema derecha, creo que no me queda más que votar en blanco» Lou me pregunta si sé lo que pasaría si la mayoría de la gente vota en blanco o se abstiene «¡No sería democrático que alguien llegue a la presidencia de esa forma! ¿no?». Que una joven francesa le pregunte a un chileno sobre los mecanismos constitucionales de su propio país, me indica un poco la angustia que su pregunta encierra. Mi ignorancia nos deja en silencio. Lou busca la información en Internet, aparece en la pantalla el «Déjà vu»: Chirac y Jean Marie Le Pen, el padre de Marine en 2002. Lou respira hondo y abandona. Formula una crítica rabiosa «la gente no puede ser tan tonta». Prefiero callarme. Lou está al pie de una muralla detrás de la cual sólo se escuchan los augurios de las encuestas y yo prefiero no sumarme a ese ruido. Ella me pregunta si yo soy rico por haber podido estudiar en Chile. «No», le digo. «En mi país la mayoría estudia con préstamos bancarios y no piensan en irse de la casa de los padres durante esos años. Los que tienen suerte se inscriben en alguna carrera en la ciudad donde vive la familia». Nuevamente Lou queda en silencio, la realidad que le describo le parece muy lejana. «Pero, ¿por qué no pueden irse de casa?». Trato de ser lo más claro posible: «la vida en Chile, para la mayoría, es muy cara y si a eso hay que sumar los gastos de un hijo que vive fuera de casa, se vuelve simplemente imposible». Los ojos de ella fijando el techo me hacen temer otra arremetida. «¿Pero, no pagan impuestos?», «Sí, aunque no es tanto como lo que se paga acá», le digo. Con la esperanza de ser claro agrego, «pero no sirven para nada, casi todo está en manos de privados y el Estado no tiene mucho margen de acción. Además, en Chile hay quienes dicen que el sistema francés no funciona y conduce a la deuda del país. Entonces, pagar impuestos es casi una idea de tonto». Lou me fija, o su reflejo en el espejo mejor dicho, me observa como si me hubiese escuchado decir la mayor estupidez posible. «Aunque vivo sin lujos, el sistema funciona. Gracias a los impuestos de todos. Nos permite consumir y mantener el comercio local, por ejemplo. Claro, están los que quieren hacer cambiar esto también en Francia, porque no conviene a las multinacionales un sistema con tantas ventajas sociales y laborales. Las voces mediáticas nos intentan convencer que no hay más que un modelo económico, el de los que se sientan sobre el bienestar social. Pero, en realidad, Francia ha funcionado así desde décadas. Desde el final de la Segunda Guerra los trabajadores pueden ir con su familia al cine sin desangrarse o pensar en la cuenta del médico y las vacaciones pagadas son un derecho laboral que impuso la izquierda francesa. Lamentablemente, una falsedad que suena todo el día termina por convencer a la gente. Es el método de la propaganda, lo estudiamos en clase. Por suerte hay economistas de prestigio que dicen lo contrario, el único problema es que no se les escucha, no tienen vitrina». Lou vuelve a su «coin cuisine» a lavar su plato. Antes de dormir se prepara para leer algunos capítulos del libro que le preguntarán en clases. El teléfono suena. Su novio llega dentro de poco. Ella se levanta de la cama y se asegura que algo quede para él en la olla. Luego vuelve a acostarse con su libro en la mano. Mañana tendrá que ir a clases y hacer la cola en el casino de la universidad, pensando si votar o no por el candidato «menos malo» para ella”.

Nicolás Folch Maass, Caen (Francia), abril 2017.

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

© Nicolás Folch

“El «menos malo» y una estudiante francesa” es una colaboración realizada por el autor en abril de este año.


Galaxia Up es un sitio web chileno que tiene como objetivo difundir el trabajo de cineastas nacionales y sus actividades desarrolladas en el campo audiovisual en Chile, generando un espacio de conocimiento a través de la difusión de experiencias del arte y creación cinematográfica.

RELATED POST

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

INSTAGRAM
GALAXIA UP