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“Princesita” de Marialy Rivas

Se atenúan las luces de la sala de cine y comienzan a aparecer los créditos iniciales de la película. Luces de neón, esferas blanquecinas flotando en la oscuridad, elementos visuales metafóricos y un sonido experimental, estridente e incómodo. Todo esto construye una atmósfera tenebrosa y envolvente desde el inicio. Las primeras imágenes evocan un cuento de hadas idílico: jóvenes bellos caminando por praderas hermosas, con el sol iluminando sus contornos y velos de luz filtrándose en el lente de la cámara. No han pasado tres minutos, y el espectador está absolutamente inserto esta experiencia.

Princesita” es el segundo largometraje de Marialy Rivas, que ganó el premio a mejor guión en el Festival de Sundance, con “Joven y Alocada” (2012). Sus dos películas tienen mucho en común. Ambas tienen protagonistas femeninas menores de edad. Ambas retratan un entorno que las agobia y limita. Ambas tienen un subtexto crítico sobre nuestra sociedad opresiva, machista y conservadora. Pero más allá de eso, las películas son mundos absolutamente distintos. La visualidad, la atmósfera, el tratamiento sonoro, el montaje, el guión y el sello directorial de Rivas ha evolucionado notoriamente en estos años.

Tamara (interpretada brillantemente por Sara Caballero, en su primera película), es una niña de 11 años que vive en una alejada casa al sur de Chile, rodeada de naturaleza. Miguel (Marcelo Alonso) es una figura paterna, que además es líder de esta secta religiosa de niños y jóvenes, donde todo parece ser perfecto. Él quiere embarazar a Tamara apenas tenga su primera menstruación, para tener un hijo puro. La niña tiene sentimientos confusos en relación a esto. Por un lado, quiere ser “la elegida”, pero por otro lado siente que la pureza es su maldición y además comienza a fijarse en un compañero de colegio. Desde ahí, todo se vuelve cada vez más sombrío. La película culmina con uno de los momentos más perturbadores y poéticos del cine chileno.

La propuesta audiovisual de esta cinta está pensada en todos sus detalles. El diseño sonoro acentúa la perspectiva subjetiva de la protagonista, no sólo con la narración de Tamara adulta (con la voz de Aline Kuppenheim), sino que también usando recursos como la eliminación del sonido ambiente, la exacerbación de las respiraciones, la musicalización estridente y el silencio. La dirección de fotografía por Sergio Amstrong, resalta en matices notoriamente disímiles. Los pasajes del inicio, que son casi publicitarios en su pulcritud. Las pesadillas de la protagonistas, con un tinte rojizo y una iluminación que evoca el realismo mágico. La crudeza de la realidad en las escenas del colegio. Lo tenebroso de los momentos más íntimos en la secta. Es una propuesta arriesgada, pero coherente en todas sus etapas. Toda la parte visual se amalgama con la propuesta de dirección de Marialy Rivas, que decide contar la película desde la perspectiva de la protagonista. Su visión subjetiva del entorno, como ella mira el rostro de Miguel, lo que se imagina, lo que siente. Es como entrar en la mente manipulada de una niña de 11 años que es víctima de un abuso, que es mucho más complejo que algo sólo sexual. El líder de la secta hace un meticuloso trabajo de entrar en la sicología de estos niños, les habla sobre sus cuerpos, su relación con la naturaleza, sobre la gente que está afuera y vive en la ignorancia. Es como si Rivas consiguiera que el espectador sea manipulado y abusado también.

Esta es una película que puede caminar perfectamente entre la valoración artística y el impacto masivo. El estilo de la directora permite que la película sea siempre dinámica, interesante y envolvente. El guión, las actuaciones, la fotografía, la dirección de arte y el sonido, aportan a esa experiencia y además nos hacen valorar lo cinematográfico de la cinta. “Princesita” seguirá cosechando reconocimientos en Chile y en el mundo, y de seguro se adjudicará un lugar importante en nuestra filmografía nacional. 

TRAILER


Cineasta Viñamarino, egresado de la Universidad del Desarrollo. Amante del cine de animación, sobre todo de Studio Ghibli. Sus mayores referentes son Yasujiro Ozu y Wes Anderson.

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